Wes Anderson y los gatos

Esta semana se estrena la esperada The Grand Budapest Hotel del inimitable Wes Anderson. La fiebre por esta película ha alcanzado unos niveles bastante altos, y no es para menos. Tiene un reparto magnífico, cuenta con la estética que caracteriza al director (y todavía más impresionante a la que estamos acostumbrados), e incluso te echas unas risas bastante considerables. Al ver la película la semana pasada en un preestreno me dí cuenta de algo. Los gatos. Wes Anderson y los gatos.

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El sueño de cinéfilos amantes de los gatos

No, el sueño cinéfilo para los amantes de los gatos no es que Hamilton the Hipster Cat dirija su propia película indie. O que hagan una segunda parte de Lil Bub & Friendz. Este es un sueño más asequible, e imperecedero. Lata de Sal, la editorial de álbumes ilustrados que dedica una parte de su trabajo a los gatos, nos trae su último libro. Y no podemos ocultar nuestro entusiasmo al respecto.

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Películas must-watch para cat lovers (II)

Tras la primera entrega de Películas must-watch para cat lovers (I), llega la segunda parte para recoger las grandes películas gatunas, algunas olvidadas, otras no, que alguien en algún momento de su vida tuvo la genial idea de realizar. Cortos, mediometrajes, largometrajes, da igual la duración, lo importante es su contenido y en especial, su vinculación con los gatos, adorables en unos casos, espeluznantes en otros.

Ella y su gato (1999)

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Cuando se habla de gatos en el cine es imposible no mencionar la animación anime pues por distintos motivos, los gatos siempre estuvieron muy presentes en la cultura japonesa. Ella y su gato es muestra de ello,  una maravillosa pieza en la que el narrador es él, el gato. Como si de la visión del gato se tratase, está contada en blanco y negro y el punto de vista es siempre el del felino. Makoto Shinkai se nutre de la poesía romántica para crear este film de numerosos monólogos interiores, muy delicados pero que a veces nos suben la tensión por un exceso de azúcar. Narra una historia bonita y simple, tremendamente inspiradora y reflexiva. Su serenidad inicial termina por precipitarse para el final, se nota que fue de lo primero que Shinkai realizó.

Un gato en París (2010)

París y un gato. Parece que no haya más que decir, nos gustan los gatos y nos gusta París. La personal y autentica ilustración del film junto con el encanto de un París recreado, crean un acogedor escenario para Dino, un gato que lleva una doble vida. Jean-Loup FelicioliAlain Gagnol han creado una película inteligente, que nada tiene que ver con la ilustración e historias para entretener de Disney. Revestido de una cinta clásica dibujada para niños, en el dorso se deja ver la influencia del cine negro,  pero que se queda en un nivel superficial y no profundiza en lo gansta, como sí lo hace Francis el Detectigato (1994) mencionado en la primera parte del artículo. Pero por algo habrá sido nominada a los Oscar…

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El gato caliente (1972)

Quizás tengamos aquí, ante nosotros la versión gatuna más perturbadora. Sexo, drogas y violencia que toma como escenario distintos barrios de la ciudad de Nueva York en los años 60. Y los protagonistas, gatos.  Este trabajo de Ralph Bakshi se trata de una adaptación de un tira cómica de Robert Crumb. Es una cinta transgresora  y muy explícita en términos sexuales y violentos. No deja indiferente a aquellos que la ven, puede llegar a enamorar o a producir nauseas, todo depende de la sensibilidad cada uno.

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Los ojos del gato (1985)

Los gatos son unos animales muy eclécticos. Tan bien hacen una comedia como un peliculón de miedo. Esto último es el caso de Los ojos del gato (1985), o esa es la intención. Tres historias que enlaza un gato, en el que por cierto, en la última historia, será el gato el único que pueda salvar la vida de una niña de un trol. A la hora de la verdad, no da tanto miedo, son historias de Stephen King y curiosamente, dan risa. Especial mención se merece este gato, pues sorprende lo buen actor que es. Desde luego, Los ojos del gato de  Lewis Teague es merecedora de ser vista sin pretensiones, para pasar un buen rato.

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Night on the Galactic Railroad (1985)

Una clásica novela japonesa adaptada a la gran pantalla por Gisaburo Sugii. Versa sobre dos gatos que emprenden a través de un tren un viaje metafísico y fantástico por la Galaxia. Esta obra japonesa resalta por la meditación mística que realiza sobre la existencia a través de una realidad creada por la flexibilidad de la animación anime. Sus protagonistas, gatos humanizados es pura idea del director pues la novela homónima en la que se basa presentaba a sus protagonistas como humanos.

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Películas must-watch para cat lovers (I)

Catculture os trae la primera parte de un artículo que pretende recoger una serie de piezas audiovisuales cuyos protagonistas son gatos, que como buenos cat lovers, no os deberíais perder.

Sopa de gato (2001)

Cat Soup es difícil de describir y esto se debe a su carácter psicodélico. Este mediometraje japonés cuida gratamente la forma, y aunque también tiene fondo, probablemente cueste más de una visualización  captar sus mensajes. Tatsuo Sato, su director, olvida los argumentos y experimenta con un anime para adultos, nada pretencioso, definido por la inverosimilitud y lo inabordable. No es una cinta sobre gatitos adorables, es una experiencia difusa para el subconsciente.

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Mei y el Gatobús (2003)

Mei y el Gatobús es un cortometraje muy exclusivo del reconocido japonés Hayao Miyazaki. Su exclusividad se debe a que no ha sido comercializado y la única manera de verlo es en el Museo Ghilbi, Mitaka, al oeste de Tokyo. Esta pieza fantástica del 2003, que congrega numerosos gatos, es el spin-off Mi vecino Totoro (1988), protagonizadas ambas por la pequeña Mei. La historia cuenta el viaje de Mei con el Gatobús hacia un bosque donde se celebra una reunión de espíritus de gatobuses. Como es habitual en las obras de Miyazaki, el background cultural es innegable así como el sello del estudio japonés de animación Ghibli.

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The Cat Piano (2009)

Una gran ciudad repleta de gatos se ve atacada por el hombre del faro, quien rapta a los mejores músicos para crear el instrumento musical más cruel jamás conocido, the cat piano. En este corto de animación, un escritor hará todo lo posible por salvar a su amada, una famosa solista gatuna. Eddie WhiteAri Gibson dirigen esta pieza de amor gatuno influencia por el cine negro, que es una adaptación de un poema de White. Aparte de por esta idílica sociedad gatuna, la cinta destaca por su envolvente ambientación y el tratamiento de los colores en azul y negro que crean una atmósfera realista y siniestra, propia de las grandes ciudades norteamericanas inundadas por el jazz.

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Francis el detectigato (1994)

A pesar de que por el título parezca una película para niños, no es así, es animación para adultos. Las escenas de sexo gatuno, pesadillas, gatos muertos, escenas de terror, gore, peleas sangrientas, etc. dan fe de ello. En este largometraje, los gatos hablan, pero a diferencia de tantas películas de animales humanizados, ya sean animaciones o no, en esta, son inteligentes. Sin ofender, ríete tú del drama de Los Aristogatos (1970), la película de Michael Schaack nada tiene que ver con esta, en otras palabras y reiterando lo dicho, no mostrar a niños, puede ser una experiencia muy negativa. En lo relativo a los adultos, recomendada a aquellos a quien le guste la animación clásica, los gatos, no le importe una pincelada de gore, y tengan ganas de inmiscuirse en el misterio del nuevo barrio del gato Francis.

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El gato que vino del espacio (1978)

No fue precisamente aplaudida por la crítica en su momento, no obstante como parodia de las invasiones extraterrestres de los años 50, puede ser muy enriquecedora. Es cierto, cinematográficamente hablando no es una joya, sin embargo un gato del espacio exterior no debería ser desechado a la primera, por lo que os invito a que le deis una oportunidad. No tiene pretensiones, hay estereotipos, pero puede llegar a entretener gratamente. Esta producción de Disney y dirigida por Norman Tokar quizás no es de las más conocidas de esta productora, pero esto debería cambiar. Déjense pues, sorprender por una comedia galáctica con este gato parlanchín que aterriza casualmente en la Tierra.

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