Wes Anderson y los gatos

Esta semana se estrena la esperada The Grand Budapest Hotel del inimitable Wes Anderson. La fiebre por esta película ha alcanzado unos niveles bastante altos, y no es para menos. Tiene un reparto magnífico, cuenta con la estética que caracteriza al director (y todavía más impresionante a la que estamos acostumbrados), e incluso te echas unas risas bastante considerables. Al ver la película la semana pasada en un preestreno me dí cuenta de algo. Los gatos. Wes Anderson y los gatos.

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Oda al Gato – Pablo Neruda

ODA AL GATO

Pablo Neruda


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Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

 

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Paw Paw, el gato del futuro

The Future, dirigida por

Sophie trabaja en una escuela de danza.  Un día cualquiera entran Tammy y Sasha, dos viejas amigas. Embarazadas. Sophie, sorprendida y bloqueada, les pregunta cómo ha podido pasar tan rápido. Quiere saber qué se siente. Durante la superficial conversación, cada vez que  vemos en pantalla a sus amigas hay un ligero cambio. Mientras hablan, Tammy y Sasha pasan de estar en estado de gracia a sujetar a sus hijos Barry y Kerry en brazos. El tándem Barry y Kerry, perfectos niños rubios, al lado de sus madres se van haciendo mayores en cuestión de segundos, en cada contraplano. Sophie, de forma progresiva, más absorta y entumecida, sigue conversando hasta que  Tammy y Sasha desaparecen. Ahora los únicos que siguen el diálogo con ella son unos sonrientes Barry y Kerry que agarran a su niña. Que quieren apuntarla en la escuela de danza. Sigue leyendo

El gato que todos tenemos dentro

Muchos conoceréis a William S. Burroughs como uno de los grandes escritores de la Generación Beat. Otros por su mala leche, las drogas, su posible affair con Allen Ginsberg, y cómo mató a su mujer cuando jugaban a “disparar la manzana en la cabeza del contrario”. Los demás no lo conocéis, no os hagáis ahora los intelectuales. Que no pasáis de J.K. Rowling (nada en contra de Harry Potter, aquí una fan).

El caso es que Mr. Burroughs entre cut-up cut-up tenía una gran pasión. Sí queridos. Los gatos. Antes de morir, escribió en su diario Lo único que puede resolver conflictos es el amor, como el que sentí por Fletch y Ruski, Spooner y Calico. Amor puro. El que siento por mis gatos presentes y pasados. ¿Amor? ¿Qué es? El más natural calmante que existe. AMOR.”. 

WBBOCK

 

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